Los sistemas fijos de extinción basados en agentes gaseosos proporcionan una protección limpia contra incendios para la vida humana, los bienes y el medio ambiente. Existen otras técnicas de protección contra incendios con agentes no gaseosos, los cuales pueden provocar daños en los bienes a proteger y que por tanto no son aceptables en muchas aplicaciones.

Históricamente, el agente gaseoso más común fue el anhídrido carbónico. Pero este agente es peligroso en las concentraciones necesarias para la extinción y no es aceptable su uso allí donde las personas pueden estar presentes en el momento de la descarga. Como consecuencia llegó a emplearse de manera general el halón 1301, que proporcionaba una protección contra incendios limpios y segura.

Sin embargo, como el halón resultó ser una sustancia destructora del ozono, en cumplimiento con el Protocolo de Montreal, se prohibió en la mayoría de los países, incluyendo todos los de la Unión Europea. Como alternativa, han sido desarrollados gases extintores alternativos con potencial destructor de ozono (ODP) nulo.

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